Unión de perspectivas

    Hace unos años que los observo, dos árboles. La forma de sus hojas y flores parece igual pero uno es amarillo mientras que su compañero es verde.

    He caminado multitud de veces por el paseo que rodea el jardín que habitan. Desde el paseo, a cierta distancia, mis ojos humanos parecen solo ver el magnifico traje amarillo que viste uno de ellos, destaca en medio de sus verdes compañeros. El amarillo cautiva mis ojos y esta semana me pregunté “¿se habrá puesto ya su traje?”, mis pasos se encaminaron a hacerle una visita.

    En la distancia me maravilló volver a verlo. A la par que mirando al verde recordé que ya otros años su copa me pareció pobre, con poco fuerza y con un crecimiento mucho menor comparado con la expansión del árbol amarillo.

    Mis pies hicieron algo diferente este año. Me adentré en el campo y me acerqué a sus troncos. Plantada en Tierra alcé la mirada, me deleité con el amarillo pero poco a poco mis ojos vieron, quizá por primera vez, al árbol verde.

    Es un árbol que más bien parece ser medio árbol. Su frondosidad se tiñe de debilidad y esfuerzo. En ese esfuerzo le regala al Cielo belleza, pude fijarme en la floración. Unas flores de un tono rosa fucsia salpican su verdor, hermosas, delicadas, las pude ver en la cercanía, en la distancia pasaban desapercibidas para mis ojos.

    Mis ojos continuaron explorando esta nueva perspectiva, recorrieron el tronco y se toparon con una enorme herida. Daba la impresión de que en algún tiempo allí debía estar una gran rama. Quizá se rompió y un tajo profundo se muestra como cicatriz en la base de la herida. Supongo que algo se quebró y cortaron lo que ya no tenía arreglo...Posé mis manos suavemente en la herida y cerrando los ojos pareció completarse la imagen que años atrás inició la distancia. Me pareció escuchar el susurro del árbol amarillo contándome como crece un poco más para abrigar al compañero y suplir la rama que falta. Como, en la misma medida que da, recibe la belleza del verde hecha flores de gratitud y abrazo amoroso de ramas que se encuentran.


    En la distacia, donde había dos árboles solo veía uno, el amarillo. Permitiendo llegar la cercanía, donde hay dos árboles...solo hay uno, el árbol de la Unión, acogiendo todos los colores.

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