Nace este blog de la necesidad espontánea que a veces tengo de escribir/hablar conmigo misma, con los demás...a la par que voy desmenuzando lo que soy, tratando de entenderme, entender la Vida para simplemente sentirme bien.
Ayer vino el Amor. Me alcanzó de arriba a abajo, de derecha a izquierda, de fuera a dentro y a la inversa. Se puso varios trajes para pillarme: amistad, un vermút, música, unas pastas deliciosas, caricias, más música. Son inagotables las formas del Amor. Tres y media de la mañana, de nuevo el Amor llega, me despierta, me muevo hacia la Menta y la Sala. Ahí, en la noche, donde la oscuridad trae claridad pude sentir “la huella de mi pequeñez”. Con claridad sentí en ambos antebrazos la sensación de haber tenido el amarre de dos cuerdas durante una eternidad. Era la sensación de que ya no había cuerda pero la piel aun siente como si está ahí...A medida que sentía venía a mi cabeza como a través del tiempo me he conformado con lo que había, he aprendido a maravillarme con las pequeñas cosas, siento la grandiosidad en los ojos del petirrojo...me alegra haber aprendido esto pero la pequeñez tiene otra cara. Haces inmenso algo no porque lo sient...
De la enorme dificultad a la integración como parte natural de mis días, así fue y es mi relación con la meditación. A veces surge la bendición de compartirlo. En este caso se da ese compartir con Marta que me pidío una grabación. La comparto, con su permiso y mi gratitud.
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