Mi Pequeñez
Ayer vino el Amor. Me alcanzó de arriba a abajo, de derecha a izquierda, de fuera a dentro y a la inversa. Se puso varios trajes para pillarme: amistad, un vermút, música, unas pastas deliciosas, caricias, más música. Son inagotables las formas del Amor.
Tres y media de la mañana, de nuevo el Amor llega, me despierta, me muevo hacia la Menta y la Sala. Ahí, en la noche, donde la oscuridad trae claridad pude sentir “la huella de mi pequeñez”.
Con claridad sentí en ambos antebrazos la sensación de haber tenido el amarre de dos cuerdas durante una eternidad. Era la sensación de que ya no había cuerda pero la piel aun siente como si está ahí...A medida que sentía venía a mi cabeza como a través del tiempo me he conformado con lo que había, he aprendido a maravillarme con las pequeñas cosas, siento la grandiosidad en los ojos del petirrojo...me alegra haber aprendido esto pero la pequeñez tiene otra cara. Haces inmenso algo no porque lo sientas así sino porque tu pensamiento te lleva a creer que no puedes recibir nada realmente inmenso. Te acompañas de petirrojos y gorriones porque no esperas que camine a tu lado el ciervo.
Ayer mi día estuvo lleno de Inmensidad y por si no era suficiente en la madrugada siento la caída de las cuerdas, la emoción del merecimiento y la grandeza de la gratitud.
Procuraré recordarlo, recordar la grandeza de lo pequeño y a la vez la recordar que cuando el Amor quiere...algo grande llama a mi puerta.

Así es, la grandeza de lo pequeño... Y lo mágico de las puertas... Hermoso texto y hermoso sentir... Un abrazo libre, muy libre, de Amor
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