Entragada a lo inútil (I)
Así vivo. Caminando en sentido contrario, rellenando los huecos que no ocupan las cosas valiosas, dedicada a lo simple, a lo lento. Así vivo.
Cada día doy gracias porque el “Cielo” un día puso en mi senda la inutilidad...por fin. Tras más de 50 años de utilidad, entre preparación para la misma y entrega al ejercicio de semejante virtud, creo que era hora de pasar un tiempo habitando otro estado para mi desconocido hasta hace bien poco.
Como "ser inútil" me despierto y me esfuerzo en estar presente cuando arranca el día. No sé que encuentro ahí pero desde luego hay “algo” a lo que regreso una y otra vez. Ese “algo” no cambia mi Vida, no llena mi bolsillo, no es vendible y creo que viene cotizando a la baja pues observo que no somos muchos los que a diario lo devoramos, quizá solo algunos locos o viejos...y por supuesto nuestros hermanos, ellos si, animales y plantas se encuentran atentos a ese “algo”, juntos acudimos al banquete invisible del Amanecer.
Masticar lento, saborear, escuchar, caminar, ver lo que te rodea y descubrir que eres vista, vista por el camarero que a pesar del cansancio es amable, vista por los diminutos ojos del petirrojo que acompaña el paseo, vista por la quietud de la garza que en la marea baja me maravilla. Más, más inutilidad, quizá el tábaco entre mis dedos sin siquiera necesitar fumar sea una de las cosas inútiles que más útil me resulta. Me trae una cercanía y acompañamiento inauditos, sagrados, creo que ya muchas vidas lleva conmigo como fiel compañero y a pesar de haberme desprendido en esta de la condición de fumadora, él sigue ahí, siempre dispuesto, compartiendo el encuentro personal conmigo misma y con la “señora Vida”.
Se extiende la inutilidad más allá del Amanecer pero es ahí donde su sabor me resulta más dulce. Avanza el día y se va diluyendo en los quehaceres que sin ser muy importantes resultan, por así decirlo, inexcusables, en este tiempo/mundo en el que vivo. Aun así, como si tejiese un jersey, alterno lo inexcusable con lo prescindible y pongo en ambas vertientes de mis actos la misma presencia, empeño y por supuesto “Amor”.
“Amor”, creo que no hay nada más inútil, supera con creces al tabaco...todas las cosas útiles, valiosas, productivas, progresistas, creo que todas pueden hacerse en ausencia de Amor pero cuando el Amor las envuelve ¡cielos!!se vuelven sublimes...El Amor vuelve sublime incluso lo inútil, ahí consuelo mi mente humana, exigente, le digo “tan inútil no eres, pones Amor en este mundo, a diestro y siniestro...como si el Tao se apoderase de tus actos, compartes Amor con el bueno y con el que no lo es”. En fin, procuro acallar la mente y convencerla para que no me prive de vivir este tiempo que simplemente la Vida me está regalando.

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