Me abruma la Vida

    Me abruma y lo hace de modo sublime. En el caminar diario inevitable que mis ojos humanos miren al Oceano de “cosas” que orbitan a mi alrededor. Me abruma, golpea incansable el pequeño grano de arena que siento ser.

    Todavía repiro, sobrevivo a la imparable demanda, sobrevivo pero voy menguando como la Luna hasta hacerme una y otra vez consciente de mi pequeñez, de mi incapacidad, de la impotencia. Cuando un obstaculo se supera apenas unos minutos para festejar, reír, de nuevo como buen soldado, seguir...para encontrar un nuevo gigante.

    El vértigo es tal que los ojos se vuelcan adentro, sueltan ese Mundo de las “cosas” y se posan en el micromundo que soy. ¡Vaya!! En ese pequeño mundo me siento grande, me veo y me gusto, siento el ser que soy y me emociono, me emociono en tal medida que una ola de Amor viaja a la niña que fui/soy. Entonces busco espacio y tiempo para caminar lento, para encontrarme con otros micromundos, por ejemplo, los petirrojos de los acantilados de Santa Cruz. Acompañan mi paso y nuestras charlas tenemos, a veces sonoras, casi siempre en silencio, con miradas que son la pequeña luz de unas velas calentando algo dentro de mi, en el micromundo “Eva”.

    Cuando algo tan pequeño sucede siento que es bueno, para mi, pero no solo para mi...también para ese macromundo en el que, no me olvido, habito. Así lo siento, no sé, como ahora mismo...siento escribir, a la vez ¿para qué? Letras vertidas en océanos insondables. Quedarán varadas en rincones a los que nadie llega, excepto el brillo que está detrás del ojo del petirrojo.



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